Por Javier Cisternas Cornejo
Decenas de personas resultaron heridas y más de cien fueron detenidas tras violentos enfrentamientos que se desataron en el estadio Libertadores de América, dejando escenas de caos, incendios y destrozos.

Una jornada de violencia tuvo lugar el miércoles 20 de agosto en Avellaneda, cuando enfrentamientos masivos entre hinchas de Independiente y Universidad de Chile terminaron en una batalla campal que obligó a suspender cualquier actividad.
Los disturbios comenzaron en las tribunas y rápidamente se tornaron incontrolables, con objetos arrojados, incendios y agresiones físicas entre los asistentes. La policía local informó que más de 100 personas fueron detenidas por su participación en los enfrentamientos.

La mayoría de los detenidos fueron trasladados a dependencias policiales para su identificación y posterior procesamiento.
En cuanto a los heridos, al menos 22 personas resultaron lesionadas, de las cuales dos requirieron intervención quirúrgica. Los afectados fueron derivados a hospitales de la zona, incluyendo el Hospital Fiorito de Avellaneda, el Hospital Wilde y el Hospital Presidente Perón de Sarandí. Entre los heridos, se reportó que un ciudadano chileno se encuentra en estado crítico tras ser lanzado desde las gradas y un menor sufrió un golpe grave en la cabeza.
Las autoridades locales y nacionales condenaron lo ocurrido y dispusieron asistencia inmediata a los afectados. El episodio se considera uno de los más graves en la región en años recientes y ha vuelto a poner en discusión la seguridad en eventos masivos y la necesidad de medidas urgentes para prevenir tragedias similares.





