Por Javier Cisternas Cornejo
El compromiso de vuelta de los octavos de final de la Copa Sudamericana entre Independiente y Universidad de Chile terminó en caos. Tras un primer tiempo que cerró 1-1 con goles de Lucas Assadi y Santiago Montiel, el segundo tiempo quedó marcado por la violencia en las tribunas del estadio Libertadores de América.

Hinchas de ambos equipos se enfrentaron con butacas, piedras y bombas de estruendo, lo que provocó incendios, destrozos y agresiones que dejaron al menos diez heridos de gravedad y más de cien detenidos. Un menor resultó golpeado en la cabeza y un aficionado chileno se encuentra en estado crítico tras ser lanzado al vacío por un hincha local.
El árbitro Gustavo Tejera suspendió el encuentro y la CONMEBOL lo dio por cancelado, descartando cualquier reprogramación de momento. El organismo abrió un proceso disciplinario que podría derivar en sanciones severas para ambos clubes.
El presidente Gabriel Boric condenó lo ocurrido y ordenó asistencia a los hinchas chilenos en Argentina, mientras la FIFA también manifestó su repudio. Lo que debía ser un encuentro decisivo terminó como una de las jornadas más negras en la historia reciente del fútbol sudamericano



